Demasiados nombres desconocidos,
muchas mentes en qué pensar,
tantas canciones sin escuchar,
y tanto arte sin amar.
Sueño la lejanía, la voz,
el suspiro,
sueño el nombre.
Imaginé que su nombre aparecía.
Una letra por vez, tantas veces.
Una letra a la vez.
Rozando las cuerdas de mi guitarra
o esbozando algún poema,
mirándome cuando duermo.
Imaginé su nombre.
Se formaba en un pentagrama.
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