jueves, 13 de octubre de 2011

Metáfora rabiosa

La calma se derrite.
Las luces se deshacen.
Puedo convertir todo en poesía,
y aún así...

Las lunas grises se agolpan contra mi ventana
que es ajena a la realidad.
Los gritos ahogados y las lágrimas fundidas
se disuelven en letras agotadas, por el éxtasis
de los ojos olvidados.

Nada es igual cuando se recuerda.
Mi espalda, sepultada por todos
esos mensajes que alguna vez
tuvieron sentido sobre tus labios,
y ahora encarnada, en mi alma
sofocante, pierde todo su color.
Y aún así...

Las palabras fluyen. Cada letra es
como cien haces solares.
Y cada oración me tienta a decirte
otras cosas.

Tus manos oscurecían todo
y partían todo lo dulce
una vez imaginado sobre
la faz de la tierra.

Mi voz, cada sonido de mi voz
se hace pedazos en busca
del antagonismo de los movimientos
que te supe robar, y ya no más.
Y aún así...

Tus ojos estallan en amarillo.
Tu piel parece caer en un abismo,
en la misma nada.
Porque ya nada importa.

Si la inatrapable luz nos envuelve una vez más
quedaremos encerrados juntos.
Vos acá y yo del otro lado de
tus pensamientos.


Siempre prohibirás mentir
cuando quede entre la espada
y la pared. Solitaria pared. Inundada
de quién sabe cuántas cosas.

Yo me imagino, me arrincono, más allá
del hielo y más allá del fuego.
De ese fuego que se tiñó de gritos
de lágrimas, de corridas y de escapadas.

-¿De qué estas hablando? Me preguntas
y yo solo amago con observarte.
Si no entendés, para qué observarme.
Si las palabras se las lleva el grito
o quizás queden apresadas en una
hoja, o en un millón de hojas.

Aún no sabes, nada podrías saber
sin que te lo diga, o sin ocultarte la verdad.
Porque detrás de estas letras manchadas
ya no hay música para tus oídos.
Ya no hay nada que pase inadvertido
por los ojos ignorantes.

Analizame, analizate. Enterate y
después, gritame, pateame o insultame.
Gritame que no entendés nada, ni una sola de
mis palabras. Decime que querés entender
aunque no te importe.

Lo único que podría hacer es esquivarte
con metáforas rabiosas, salidas de la noche.
Salidas de un abismo. Salidas más allá
de los pentagramas.

Seguís sin entender. Es mejor para mí
esquivar las palabras directas
y ocultarme. Ser secreto, ser nadie
y cualquiera a la vez.

Siempre seré la incógnita infinita.
Esa que nos une a
vos acá y a mí del otro lado de
tus pensamientos

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