Nada cambia y todo pasa.
No fingimos soñar
con que todo es perfecto.
Que cada lamento
se desvanece
y se hace perfecto.
Que los ajenos que se pierden
en todos los diarios
son perfectos.
Que todos los días
son perfectos amantes
de la muerte.
Que todos los sueños
son perfectos recuerdos
de líneas irreales.
Que son perfectos los restos
de nuestra piel.
Perfectas calles que anduvimos
con sus choques, sus miradas,
con su sangre.
Que es perfecta nuestra ironía
y nuestra indiferencia
Que somos perfectos extraños
consumiéndonos, destrozándonos,
amándonos, persiguiéndonos.
Que el cielo es perfecto
y también la noche envenenada.
El barro,
el sacrificio humano.
Que son perfectos los puñales
derritiendo lo sublime
de nuestras manos, y desgarrando
poco a poco a dios.
Que es perfecto el hambre
y la dicha perdida de la inocencia
Y que es perfecta la tormenta
que nos abraza y nos funde
en perfectas trizas de letras olvidadas.
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